COVID-19: Lidiando con la ansiedad y el estrés.

Un viaje emocional a través de la pandemia.

Posted by iagovar on 2020-03-18 22:00

Es posible que no seas capaz de indentificarte con lo que voy a escribir, pero necesito hacerlo, como una terapia. Generalmente me considero bastante indolente. Siempre he sido capaz de distanciarme para tomar perspectiva ante la adversidad, e incluso con problemas de carácter personal creo que no he tenido nunca grandes periodos de duelo. He llegado a pensar muchas veces que esto es un problema que afecta a mis relaciones personales, pero bueno, no estamos aquí para discutir de esto en particular.

Verás, por algún motivo lo que sucedió en China captó mi atención desde un principio. Hay muchos problemas en el mundo, y cada cual mas grave, pero esta vez toco este. Todos los días seguía las noticias, y llegué hacerme una cuenta de Weibo sólo para saltarme intermediarios (los traductores siguen siendo un horror).

En cuanto empezaron a salir los primeros datos sobre las características del virus, empecé a hacer cálculos y modelos. Poco a poco se iban publicando estimaciones sobre el R0, los periodos medios incubación, la capacidad de transmisión asintomática, etc. Tomaba estos datos, los introducía en mis modelos y básicamente hacía lo que hago siempre, jugar un poco y olvidarme. Parecía un problema lejano, y además, probablemente China conseguiría contenerlo.

Por aquel entonces bromeaba con mis conocidos ¿Has visto lo que está pasando en China? ¡Vamos a morir todos!. Pero, si no recuerdo mal, entre finales de Enero y principios de Febrero empezó a quedar claro que aquello no iban a poder contenerlo en China. Los casos empezaron a aparecer en Europa, luego en España. Empecé a oberservar con cierto nerviosismo cómo las autoridades parecían no hacer nada, y desdeñaban el riesgo de pandemia. Era una constante en todo occidente (y lamentablemtne lo sigue siendo en el continente americano).

Pensé que quizá era producto de esta forma de hacer política tan propia de las democracias liberales, de hablar politiqués, pero que las instituciones se estarían preparando. Pero es que no había tiempo, y la gente seguía circulando por todas partes y a pesar de buscar información veía muy poco movimiento.

Las últimas dos semanas de Febrero realmente lo pasé muy mal. Al ver que nadie hacía nada, empecé a dudar de mi mismo y pensé que quizá era yo, que me equivocaba y no sabía hacer los cálculos. Estuve dos días enteros revisando todo lo que había hecho, y leyendo PDFs de epidemiología a ver si es que no me estaba enterando de la película, pero no, parece que entendía los conceptos y los cálculos.

Tuve la urgencia de advertir en las redes sociales, pero claro ¿Por qué iba a hacerme caso la gente? No soy nadie, no tengo credenciales que presentar y además me encontré de frente con el discurso de sólo es una gripe, repetido sin cesar en todo tipo de medios, por gente que claramente tenía las credenciales que yo no podía mostrar. Médicos, enfermeros, epidemiólogos, virólogos. Esto fué un shock muy fuerte. Me sentaba en el PC y no paraba de recibir insultos y faltas de respeto. Cuando ponía la TV no me creía lo que veía. ¿Pero cómo puede ser? Estaba aturdido, ya no sabía si es que nos habíamos vuelto locos o el problema era mío, que tenía algún tipo de déficit intelectual y no me había dado cuenta.

De verdad, creo que jamás en mi vida lo he pasado tan mal y he estado tan estresado como los días antes de que se declara el confinamiento domiciliario. Estaba totalmente agarrotado, recuerdo que me dolían los hombros y el cuello una barbaridad de la tensíon que tenía acumulada. No era capaz de concentrarme en nada.

En Internet me encontraba con gente que compartía mi preocupación y que tampoco salía de su asombro, pero no eran muchos, y básicamente cada uno venía de casa de su padre y de su madre. Uno era teleco, el otro era empresario, otro economista, y todo así. Básicamente un puñado de frikis contra el relato casi unívoco de los medios y los gobiernos de toda Europa de que esto era básicamente como una gripe un poquito más fuerte, y ya está, que la gente hiciese vida normal.

Recuerdo un día que hablé de casualidad con un compañero de trabajo del tema, y le comenté (necesitaba contárselo a alguien de carne y hueso) que había hecho unos modelos, y que estaba preocupado. Estaba claro que él también, y se interesó por lo que estuve haciendo. No estaba muy seguro si enseñarselo porque tenía dudas, después de todo lo que había vivido, de que los cálculos que había hecho fueran válidos. Además sabía que esos modelos sin tener en cuenta muchos más factores se quedan obsoletos pronto.

Le prometí que los actualizaría y tendría en cuenta escenarios y otras variables. Pero no fuí capaz, estaba al borde de una crisis nerviosa o algo así.

Los acontecimientos se sucedían. En Valencia llegaban miles de afinionados de Milán. Había congresos y partidos por todas partes. Y el 8 de Marzo fué claramente el peor día. A toda la carga emocional que venía acumulando se le añadió una mezcla de tristeza, impotencia y rabia. Ver que habría miles de personas en las calles en todas las ciudades de España fué la gota que colmó el vaso. Al día siguiente, cuando empezaron a anunciarse las primeras medidas parciales debería haber sentido algún alivio, pero la rabia fué doble. Lo sabían, pero aún así sacaron a cientos de miles de personas a la calle.

En mi cabeza se chocaban pensamientos sobre todas las consecuencias que iba a traer esto. Todo el sufrimiento que iba a causar. Estaba totalmente en shock. Conseguía aparentar normalidad con otra gente a duras penas.

Pasé olímpicamente de volver a tocar ningún número, no estaba con ánimos. Se lo dije a mi compañero de trabajo y lo entendió. Llegaron las primeras medidas de confinamiento estrictas, y sentí cierto alivio, la verdad, pero aún así estaba totalmente desorientado, había sido una montaña rusa de emociones. Jamás había sentido algo así, siempre pensé que viviría algo así por la muerte de algún ser querido o algo similar, no por una maldita pandemia.

Hace poco hablé con un viejo amigo y le cometé todo esto que acabo de escribir. Me vino bien hablar de esto con alguien, de cómo me sentía (gracias Brais). Al rato de terminar la conversación, rompí a llorar. Honestamente me vino muy bien. Fué como abrir la válvula de una olla a presión.

Hoy la verdad es que estoy mucho más tranquilo. Sigo siendo el mindundi de siempre. Sé lo que nos estamos jugando, y sé que viene una crisis económica cuyos efectos se van a dejar sentir durante mucho tiempo. Sé que nuestro país va a sufrir muchas transformaciones, unas malas, otras, puede, que buenas, y tengo cierta esperanza en que este sea uno de esos dramas colectivos que transforma las sociedades para bien, al menos durante un par de generaciones.

No creo que esté preparado para nada de lo que viene. Saber cosas no es lo mismo que experimentarlas. Cualquiera que haya pasado por esta experiencia sin muchas alternaciones emocionales tampoco habrá recibido con mucha sorpresa que el gobierno actúe tarde, mal, de forma inconsistente, y arriesgando la salud de la población por intereses políticos, y si yo estuviese en la Luna observando lo que sucede aquí, pues no creo que me resultase totalmente inesperado.

Pero sí me queda un profundo rencor y desconfianza con nuestras instituciones. Va más allá de quejarse del gobierno, de los políticos y del lamento constante sobre lo mal que funcionan las cosas. Realmente ver a trabajadores sanitarios, o a Fernando Simón difundiendo ciertos mensajes es algo que creo que no voy a olvidar. Me lo puedo esperar de la prensa, porque al fin y al cabo mi confianza en los medios de comunicación ya era prácticamente nula, y sé perfectamente que, tristemente, estando el PSOE en el poder, las probabilidades de que los medios o sectores importantes de la izquierda cuestionen el relato, es muy baja. La enésima decepción con la izquierda supongo, aunque para esto ya sí que estoy vacunado.

En fin, se acercan tiempos difíciles, habrá que improvisar y buscarse la vida. Y ver qué se puede sacar de bueno de ello. Si has llegado hasta aquí, gracias por leerlo, y lamento no darte un cierre que deje un buen sabor de boca, pero como digo, sólo lo escribo como terapia.